Sunday, April 20, 2008

Los masones del siglo XVIII y la transformación del mundo

La Masonería moderna, nacida en el siglo XVIII, es una institución sensiblemente diferente de la Masonería antigua, en donde el arte de construcción se transforma del artesanato expresado en la arquitectura, a la sociología de formación del hombre, separándose de todas las prácticas manuales que habían hecho la gloria de sus cofradías. Con la entrada masiva de aristócratas, humanistas y racionalistas, la Orden masónica cambia de rostro y desde 1620, los antiguos masones operativos se vuelven minoritarios en relación a los intelectuales. Poco a poco, la antigua cofradía operativa se vuelve una sociedad de pensamiento. Sin embargo en este periodo el secreto, la fraternidad y la tolerancia son todavía rastros sobresalientes de las logias que empiezan a profundizar la práctica de las ciencias herméticas y el estudio de la creación de un mundo más humano y natural que dará nacimiento al iluminismo.

El mundo entero admite hoy que la propagación de los principios masónicos durante el siglo XVIII preparó una profunda transformación en todo el mundo, constituyendo las bases sobre las cuales se liberaron los pueblos del mundo y se instala la democracia. Estos principios de fraternidad obrando en la construcción del bien humano, con el objeto que cada uno de sus miembros se vuelvan los constructores del edificio social, dio lugar a un vasto movimiento cultural extendido por toda Europa con el nombre de Ilustración.

Según muchos historiadores, los límites de la Ilustración alcanzan la mayor parte del siglo XVII, aunque otros prefieren llamar a esta época la era de la Razón. Ambos periodos se encuentran en cualquier caso unidos y emparentados, e incluso es igualmente aceptable hablar de ambos periodos como de uno sólo.

Precedentes de la Ilustración
A lo largo del siglo XVI y XVII, Europa se encontraba envuelta en guerras de religión. Cuando la situación política se estabilizó tras la Paz de Westfalia y el final de la guerra civil en Inglaterra, existía un ambiente de agitación que tendía a centrar las nociones de fe y misticismo en las revelaciones individuales como la fuente principal de conocimiento y sabiduría. En lugar de esto, la era de la Razón trató entonces de establecer una filosofía basada en axiomas, como base para el conocimiento y la estabilidad.

Este objetivo, alcanzó su madurez con la ética de Baruch Spinoza, que exponía una visión panteística del universo donde Dios y la Naturaleza eran uno, expresada magníficamente en su ensayo Ética demostrada según el orden geométrico (1677). Esta idea se convirtió en el fundamento para la Ilustración, desde Newton hasta Jefferson.

La Ilustración estaba influenciada en muchos sentidos por las ideas de Pascal, Leibniz, Galileo y otros filósofos del periodo anterior. El pensamiento europeo atravesaba por una ola de cambios, ejemplificados por la filosofía natural de sir Isaac Newton, un genio matemático y físico brillante. Las ideas de Newton, que combinaba su habilidad de fusionar las pruebas axiomáticas con las observaciones físicas en sistemas coherentes de predicciones verificables, proporcionaron el sentido de la mayor parte de lo que sobrevendría en el siglo posterior, tras la publicación de sus Philosophiae Naturalis Principia Mathematica.

Pero Newton no estaba solo en su revolución sistemática pensadora, sino que era simplemente el más famoso y visible de sus ejemplos. Las ideas de leyes uniformes para los fenómenos naturales se reflejaron en una mayor sistematización en una variedad de estudios. Si el periodo anterior fue la era del razonamiento sobre los principios básicos, la Ilustración se dedicó a buscar en la mente de Dios, mediante el estudio de la creación y por la deducción de las verdades básicas del mundo. Esta visión de algún modo puede haber llegado hasta nuestros días, en la que creencia de los individuos en las verdades es más provisional, pero en aquel momento, la verdad era una noción poderosa, que contenía las nociones básicas sobre la fuente de la legitimidad de las cosas.

Estos precedentes de la Ilustración en Inglaterra a fines del siglo XVII, fuerzan el movimiento iluminista que se considera francés. Desde Francia, donde madura, se extiende por toda Europa y América y renovó especialmente las ciencias, la filosofía y la Política; sus aportaciones han sido más discutidas en el terreno de las artes y la literatura.

La Luz que iluminó al mundo
Este movimiento constituyó el nuevo sistema filosófico masónico que propone ilustrar, con la luz de la humana razón, la realidad toda, combatiendo los errores y prejuicios que se atribuían en la Edad Media.

Los líderes intelectuales de este movimiento se consideraban a sí mismos como la élite de la sociedad, cuyo principal propósito era liderar al mundo hacia el progreso, sacándolo del largo periodo de tradiciones, superstición, irracionalidad y tiranía (periodo que ellos creían iniciado durante la llamada “Edad Oscura”). Este movimiento trajo consigo el marco intelectual en el que se producirían las revoluciones americana y francesa, así como el auge del capitalismo y el nacimiento del socialismo.

El proceso histórico de la masonería en Chile

Conocí al autor de este artículo durante el I Simposio Internacional de la Masonería en América. Es un prestigioso historiador, profesor y directivo de la Universidad La República en Chile. Durante los tres días de mayo de 2005 que duró el encuentro en Santiago (Chile), intercambiamos interesantes nociones sobre la influencia de la Masonería en esta parte de América. En esta oportunidad, les presento la perspectiva masónica en la República chilena, de manos del querido Alfredo Lastra.

La historia de la Masonería en Chile está íntimamenterelacionada con el proceso de la Independencia; se trata de una relación lógica, puesto que las ideas emancipadoras de los patriotas americanos comenzaron a germinar en su contacto con las logias masónicas inglesas a comienzos del siglo XIX.

La Masonería no es una secta, una religión o un partido político, sino una organización de hombres libres que tienen por divisa la libertad, la igualdad, la fraternidad, la solidaridad, que privilegia la tolerancia entre sus miembros y en la sociedad. Por lo tanto, no es una institución dogmática y, como consecuencia de ello, el fanatismo le es ajeno. Propicia la justicia social y la dignidad de las personas. Educa a sus miembros en esos postulados, los cuales influyen individualmente y no como cuerpo en la sociedad con las herramientas dadas por la Orden, que respeta las opciones de cada uno de sus miembros.

Antes de la constitución formal de la Gran Logia de Chile ya había masones y logias en Chile. El primer Presidente de la República, Manuel Blanco Encalada, fue uno de ellos. Fundó en Santiago, en 1827, la primera logia de la cual se tiene conocimiento, la “Logia Filantropía Chilena”, de corta existencia.

Futuros masones regulares echaron las bases de la actividad intelectual y cultural del Chile decimonónico. José Victorino Lastarria fundó la “Sociedad Literaria”, Ventura Blanco Encalada, la Facultad de Filosofía y Humanidades. Francisco Bilbao, con su artículo Sociabilidad Chilena, publicado en El Crepúsculo el 1 de junio de 1844, planteó por primera vez la necesidad de reformar la educación y romper con el pasado conservador español aún presente en la sociedad chilena. Asimismo, reivindicó a la mujer al denunciar su condición dependiente en el matrimonio según las normasimpuestas por la religión única del estado (según la Constitución de 1833, la religión oficial era la católica, apostólica, con exclusión del ejercicio público de cualquier otra). Por ese artículo, Bilbao fue procesado por sedicioso, excomulgado y acusado de blasfemo, viéndose obligado a emigrar de Chile. Volvió al país en 1850, y junto a Santiago Arcos fundó la “Sociedad de la Igualdad”, institución que hizo suyas las divisas de libertad, igualdad y fraternidad.

En Valparaíso funcionaron dos logias constituidas por extranjeros residentes: la “Bethesda” por anglosajones y la “Etoile du Pacifique” por franceses. Allí también se constituyó, el 27 de julio de 1853, la logia “Unión Fraternal” que será la fundadora de la Masonería en Chile regularmente constituida. En 1862, las logias existentes constituyeron la Gran Logia de Chile, como único poder regulador de la Masonería Simbólica en el territorio.

A partir de entonces se constituyeron logias masónicas a través de toda la geografía nacional siendo un elemento característico de la idiosincrasia chilena, de su vida social, cultural, política, en la educación y la ciencia, en todas las manifestaciones de la vida diaria.

Los masones forman parte del alma de Chile y se han destacado en todas las actividades ciudadanas. No es extraño por lo tanto encontrar entre sus miembros a muchas de las más importantes personalidades que han marcado rumbos en la República.

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La fundación de la masonería en el Río de la Plata*

Dicen que la masonería apareció en el Río de la Plata allá por 1735, claro está sin una estructura orgánica, cuando recién comenzaba a organizarse en Europa en la figura de las nuevas Grandes Logias independientes en cada país. Así fue que, un comerciante portugués mientras viajaba entre Portugal, América del Norte, Brasil y Argentina, mencionaba a sus amigos y relaciones la aparición de esta nueva organización, que abogaba por la difusión de la libertad.

En pleno Virreinato, allá por 1795 funcionaba en Buenos Aires la Logia “Independencia”, primera semilla que difundía los ideales pregonados por el enciclopedismo y la ilustración. Las invasiones inglesas que llegaron a esas tierras en los albores del siglo XIX (1806 y 1807) trajeron la fuerza del trabajo ordenado y disciplinado de las Logias inglesas, que esparcieron entre un selecto núcleo de criollos las ideas y los principios de la masonería.

En las décadas siguientes, luchando por nuestra independencia, aparecen en todo nuestro territorio muchas logias masónicas, de distintos orígenes de lo que hoy llamamos regularidad, pero todas luchando por la difusión de nuestros ideales. Todos sus miembros ayudaron a otros masones en su crecimiento y en su defensa de la libertad.

Cuando, la dictadura rosista comenzó a asolar las tierras bonaerenses y prohibió la existencia de logias, los más granados representantes de la cultura buscaron refugio para su vida y digno es destacar que la mayoría lo hizo en Montevideo, donde la generación del 37′ trabajó junto a los orientales por la recuperación de sus libertades. En el territorio que después fue la Argentina, florecieron muchas Logias, sobre todo en provincias, como la “Constante Unión” en Corrientes, la “Jorge Washington” en Concepción del Uruguay o la “San Juan de la Fe” en Paraná, de la misma forma que “Tolerancia”; después Logia Madre de la Masonería Uruguaya, y “Asilo de la Virtud”, se establecieron en Montevideo seguidas de la “Constante Amistad”.

Montevideo fue en esos años el centro del movimiento cultural, permitiendo que argentinos como los hermanos Varela, Juan Bautista Alberdi, Esteban Echeverría, Juan María Gutiérrez, Vicente Fidel López, Bartolomé Mitrre, Miguel Cané y tantos otros que aquí se exiliaron, dieran vida a brillantes páginas de la literatura rioplatense y al movimiento antirrosista.

Mientras Rosas afirmaba por la fuerza su dominio, y mantenía sitiada a Montevideo, fue finalmente el masón entrerriano Justo José de Urquiza quien organizó la reconquista y liberación de estas tierras para los orientales. En Octubre de 1851 los masones Gral. Lucas Moreno, en representación del Gral. Manuel Oribe y el Gral. Justo José de Urquiza firman la Paz de Quiebrayuyos, destacándose que el art. 8º disponía “Que no habrá vencidos ni vencedores” como típico acuerdo masónico. Logrado su objetivo, fueron los criollos orientales quienes le aportaron a Urquiza, su caballería y sus fuerzas para retornar a Buenos Aires y derrotar finalmente en Caseros a Rosas.

Inmediatamente resurgieron logias y llegó el momento de organizarlas creando las estructuras administrativas que en aquella época eran las Grandes Logias y Supremos Consejos, en una sola estructura. ¿Cómo llegamos a ellas?

En la República Oriental del Uruguay en esa década del 50′ son organizadas o reorganizadas la “Asilo de la Virtud”, la “Constante Amistad”, la “Perseverancia”, la “Cristóbal Colón”, la “Fe” y otras. El 21 de Noviembre de 1854 se funda, en instancia, el “Supremo Consejo y Gran Oriente de Montevideo”, que tenía bajo su jurisdicción siete Logias en el Uruguay y dos en territorio argentino, por lo que solicita su reconocimiento al “Gran Oriente de Brasil”. El 24 de junio de 1855 se funda, en instancia, el “Gran Oriente del Uruguay” creándose el 3 de julio de 1856 el “Supremo Consejo Gran Oriente del Uruguay” que el 17 de julio de 1856 recibe la Carta Patente que le otorga el “Supremo Consejo del Brasil” reconociéndolo como Potencia Masónica regular en su territorio geográfico.

En Buenos Aires se establecen entre 1855 y 1857 las hoy consideradas siete primeras, constitutivas de la hoy Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones. Son ellas la “Unión del Plata”, la “Confraternidad Argentina”, la “Consuelo del Infortunio”, la “Tolerancia”, la “Regeneración”, la “Lealtad” y la “Constancia”. En Noviembre de 1855 la primera, “Unión del Plata” es constituida en instancia, bajo la Veneratura del Dr. Miguel Valencia, quien ostentaba el Grado 33 otorgado tiempo antes por un Supremo Consejo de Brasil. De inmediato solicita el auspicio del “Gran Oriente del Uruguay” recibiéndose la respuesta afirmativa de su entonces Venerable Gran Maestro, el Dr. Gabriel Pérez. Sobre esta base, el 9 de marzo de 1856, se firma el acta fundacional de esta Logia y se eligen sus primeras autoridades, siempre bajo la ratificada Veneratura del Dr. Miguel Valencia, que solicita al “Gran Oriente del Uruguay” la entrega de su Carta Patente. Valencia era federalista, y a principios de 1857 se apresura a constituir el “Gran Oriente de la Confederación Argentina”, mientras espera recibir la citada carta patente.

Pero subsistían rivalidades entre porteños y provincianos, unitarios y federales. Valencia se apoyaba en el masón Urquiza, Presidente de la Confederación. Aquí aparece la figura del Dr. José Roque Pérez, porteño, que desconoce la autoridad y la labor de Valencia, y en pocos meses logra que varias Logias de Buenos Aires que inicialmente apoyaron a Valencia, más otras nuevas, o sea todas las citadas y regulares que en el ínterin recibieron las cartas patentes uruguayas, fundaran el 11 de Diciembre de 1857 la “Gran Logia Central de la Argentina” con el Dr. José Roque Pérez como su Gran Maestre.

El 22 de abril de 1858, o sea cuatro meses después, se constituye el “Supremo Consejo y Gran Oriente de la República Argentina”, designándose como primer Soberano Gran Comendador al citado Dr. José Roque Pérez. Solicitado su reconocimiento, el 23 de julio de 1858 el “Supremo Consejo y Gran Oriente de Uruguay” dispuso otorgarle las Patentes Constitucionales y “reconocerlo como regularmente fundado e independiente y conferirle las instrucciones de los 33 grados del Rito Escocés Antiguo y Aceptado para que los goce y haga disfrutar de ellos a todos los Masones que juzgare dignos,….”. Años después pasó lo mismo con el Supremo Consejo de Paraguay, y desde entonces argentinos y paraguayos se sienten honrados reconociéndose todos como miembros de esta maravillosa institución universal, defensora de la libertad, de los derechos del hombre, de la naturaleza y de la vida.

Desde entonces luchamos juntos y nos apoyamos mutuamente en todas nuestras necesidades y vicisitudes.

Temas de la renovación masónica para el siglo XXI

Por su propia naturaleza, la masonería siempre se ha adaptado a las circunstancias del momento y del lugar donde opera. Aunque así se pretenda ver por algunos mal informados, la masonería no se ha quedado estancada en 1717, y muestra de ello es la revolución industrial, las guerras de independencia de nuestros países, las revoluciones del siglo XX y la gran cantidad de corrientes, organizaciones, avances científicos, tecnológicos, democráticos, culturales generados por muchos de nuestros miembros.

La Masonería, al igual que otras muchas entidades y colectivos humanos transcendentes, necesita redefinir sus objetivos y a través de estos sus metas. Y ello, sin hacer violencia a su esencia fundamental. Visión del escenario, audacia y tenacidad son virtudes necesarias e indispensable en el proyecto que pilote el alumbramiento de la Masonería en el siglo XXI, como motor de progreso y perfeccionamiento humano.

Cuando se habla de la necesidad de que tipo de Masonería es la apropiada en los albores del siglo XXI, no sé esta cuestionando la esencia inalterable e invariable, el corpus básico de común coincidencia establecido en Anderson y en los Landmarks, sino se interroga sobre que Masonería es la que debe afrontar los retos de hoy en una crisis de carácter universal que difícilmente nadie podría negar. Una crisis que por otra parte no es potestad exclusiva de nuestra época o de nuestra generación por cuanto la fisonomía de la humanidad es heredera en si misma de las sucesivas crisis que la convulsionaron con características peculiares de cada momento.

En tal sentido, hay un común acuerdo en la necesidad de un nuevo acoplamiento a nuestros principios, fines y organización, a las nuevas necesidades y requerimientos de nuestras sociedades para el presente siglo. EL asunto esta en el qué y en el cómo. Para encontrar estas preguntas, presento el pensamiento del hermano José Ramón González.

“¿Cuáles son las fronteras y relaciones entre lo sagrado y lo profano en este momento que nos ha tocado vivir; qué papel juega la mujer en la orden; los grupos mixtos; qué significa regularidad; qué significa independencia de la masonería simbólica de los ritos; qué papel juega la Internet en la organización, en el trabajo masónico y cómo retroalimenta los trabajos en logia; cómo abandonar los prejuicios de nacionalidad, clase social, pertenencia a una logia obediencia o rito en particular, para construir una visión realmente universal de la orden?”.

Estas y otras cosas deberían construir la temática y el fondo de nuestras reflexiones sobre el presente y el futuro de la orden, y así de seguro estaríamos avanzando en su concreción, de lo contrario caeríamos en convertirnos en una simple organización social que se reúnen en torno a un banquete o para practicar algún deporte. Recuerde la masonería está para construir el mundo.

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Síntesis del nuevo “hombre europeo” de base masónica, según de Villepin y Semprún

En medio del verano europeo se lanzó un libro que piensa a la Europa del siglo XXI. En él, sus prestigiosos autores nos dicen que Europa será precursora de un gobierno mundial, imperio de la paz, alianza de civilizaciones, y un nuevo humanismo de base masónica. Entre líneas el libro contiene las bases y planes de la masonería para el siglo XXI.

El 29 de mayo de 2005 los franceses dijeron “No” el proyecto de Constitución europea. Superado el pasmo de la derrota, Villepin y Semprún escribieron este libro.

¿Alguna vez se imaginaron a un político gaullista francés con veleidades intelectuales y a un intelectual socialista español con inquietudes políticas reflexionar juntos sobre el futuro de Europa? Un prólogo común, una conclusión compartida y un acuerdo de fondo en los asuntos principales mostrarían un consenso entre derecha e izquierda que cerraría el lienzo ideológico europeo. En esta tela se dibujaría un paisaje seductor, con un nuevo “hombre europeo” en escorzo introduciendo a Europa en “nuevos amaneceres”. Veámoslo.

En primer lugar, el europeo es un “hombre nuevo”, de raíces ya “indistinguibles”. El cristianismo, sólo una etapa más en la formación de un individuo autónomo, trató de encerrar a Europa en las abadías románicas, pero el europeo terminó “abrazando los principios emanados de la Revolución de 1789″. La esencia de este hombre nuevo es la duda permanente de toda certeza, el progresismo eternamente insatisfecho.

En segundo lugar, la nueva Europa está envuelta en el “mismo ideal” que la Francia revolucionaria, cuya nueva frontera “se anuncia hoy bajo la apariencia de la Democracia”. La característica de Europa es ser “portadora de la democracia y de la secularización de la vida pública”.

Europa volverá así a la vanguardia de la historia, como precursora de un “gobierno mundial” que combine Estado y supranacionalidad comunitaria. Llegará entonces el “imperio de la paz”, la “felicidad de una humanidad reconciliada” en una “alianza de civilizaciones”.

En tercer lugar, este proyecto político debe ser impulsado por un decidido grupo de países. La primera tarea de este “eurocentro” será la “reunificación espiritual” y desamericanización de los países del Este, que de modo tan irritante se alinearon con EEUU en la última guerra de Irak, precisamente cuando la nueva Europa tomaba conciencia de su personalidad y su misión en el mundo.

En conclusión, una invitación a conocer al hombre europeo del futuro, un futuro que deberá ser determinado, al fin, por sus ciudadanos, y esperemos que esta vez digan “Si”.

El masón ante su entorno social

El sábado participé de una cena en que la me tocaron el tema de la masonería y su participación en el entorno social en el que convive. Particularmente en el Paraguay, parte de la sociedad cree que la masonería es la que maneja los hilos del poder para sacar y poner ministros, dictar sentencias judiciales, entre otras imaginaciones. Sin embargo, uno de los comensales dijo algo bastante interesante, ¿dónde están los masones en esta sociedad tan pobre e ignorante?

Justamente una buena justificación de la ausencia de la masonería, por lo menos en el Paraguay, es su falta de participación en la sociedad actual. Ella que el pasado construyó esta nación, se encuentra ausente por varios motivos, el principal de ellos, una falta latente de buenos liderazgos. Pero, considerando a la masonería como organización, ella no tiene otra cosa que hacer masones. Serían estos antes que aquella los responsables de la acción o ausencia de políticas públicas.

Para definir al masón, tomo un concepto de Ramón Mariaca Méndez, quien escribió un trabajo similar al presente. “El masón es aquel que asiste a una logia en donde se busca conformar al hombre de hoy y de mañana, y en donde la energía motora que mueve las grandes obras humanas, circula por la aportación de hombres libres y de buenas costumbres, que buscan practicar la hermandad y el cambio hacia el progreso humano y espiritual de quienes le rodean”.

Al definirlo así, de paso estoy dando elementos para entender a ese gran prisma que es la masonería, la cual, al igual que un diamante, cada uno de sus miembros la observa y busca desde cada una de sus múltiples caras. Así entonces, estoy hablando de un crisol donde se mezclan los caracteres y criterios más disímiles, lográndose de esto las aleaciones que un mundo como el actual requiere para satisfacer la creciente necesidad de líderes.

Los masones de hoy, como los de siempre, son hombres de carne y hueso, que respiran y que tienen un gran cúmulo de defectos y de virtudes, y precisamente es la sabiduría en el discernimiento y la fuerza de voluntad para devastar esas imperfecciones y multiplicar el efecto bienhechor de sus cualidades, lo que siempre ha distinguido a este género de hombres por sobre los demás.

El masón moderno debería es un hombre comprometido con su época, no importa la posición social, ni el lugar en donde se encuentre, ya sea desde una oficina, una fabrica, una escuela, un campo de cultivo, o un mostrador. El ilustra, más que con grandilocuentes discursos, con su ejemplo, que virtudes como la fraternidad, la justicia, la honradez, el trabajo, el estudio, el orden, la verdad, deben reinar entre quienes le rodean.

Es cierto y estimulante saber que en la Orden trabajaron hombres que con sus obras han ayudado al progreso de la humanidad, de ellos hay que imitar su entereza, su perseverancia, su valor para enfrentar su posición e ideales ante sus detractores. A ellos se los debe tener como ejemplos perennes de lo que se podría llegar a ser, pero la masonería no está para vivir del pasado sino para construir el futuro con las acciones del presente, teniendo por base el legado pasado.

Así, el peso de la masonería en una sociedad se conoce por el progreso que existe en ella. Llamativamente, en las naciones en que la masonería tiene escasa participación, los ciudadanos viven con grandes necesidades. Los masones en toda su historia han sido el motor del progreso y desarrollo, a pesar de las desavenencias entre las corrientes y obediencias.

Pero, a diferencia del pasado, el masón de hoy se encuentra en medio del esfuerzo de otras organizaciones que fomentan los mismos intereses que la masonería, y es allí donde los hermanos, desde el anonimato, trabajan voluntariamente por el logro de sus objetivos.

No obstante, buscar recuperar la preponderancia histórica de la masonería por buscarla, por solo una cuestión de protagonismo, es un despropósito, es mejor preocuparse por cerrar filas y hacer de las logias un ejemplo viviente de eso que se proclama, practicar lo que se sostiene. Así, por efecto mismo de un ambiente favorable, los masones que en ellas se desarrollen serán cada día mejores hombres, mejores padres, mejores líderes.

Así, si todos se comprometen en ser estudiosos y aplicar ese estudio en la superación de sus vidas, siendo selectivos con los candidatos a la iniciación, para poder formar en ellos una conciencia de servicio y amor a los demás, teniendo presente que ante una responsabilidad social se debe actuar como masón, ayudando a construir el gran edificio de la humanidad, sólo así se estará haciendo una masonería fuerte y respetada en su entono social, de lo contrario seguirá siendo la depositaria de todos los males.

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El ingreso a la maestría masónica*

Unos años después de haberme iniciado, participé en una ceremonia de Segundo Grado para adquirir el Grado de Compañero masón. Esta vez, a diferencia de la primera, ingresé en compañía de otros hermanos que estaban en mi misma situación. Ya sin las vendas cubriéndome los ojos y libre de la pesada soga que llevaba al cuello el día de la iniciación.

Entramos al templo utilizando nuestro blanco mandil de Aprendiz y el hermano que hacía de Experto nos descubrió los instrumentos de trabajo. Descorrió el velo del diseño del Templo del Compañero y los demás hermanos presentes nos saludaron con la Batería de Júbilo. Luego de un tiempo mi instructor me señaló que en ningún momento aquellos saludos de júbilo fueron para mí, sino en honor a esos símbolos sagrados presentes. Además, me aclaró que ingresé con los ojos descubiertos porque ya había visto la Luz.

Cuando me recibí de Aprendiz mi instructor procuró probarme que para alcanzar una perfección relativa, eran indispensables el trabajo y la perseverancia. En las pruebas que me realizaron para aumentar al Grado de Compañero, y durante todos los años en que fui tal, procuraron demostrarme, con éxito, que a medida que adelantaba mis trabajos realizaría descubrimientos interesantes en el horizonte de la condición humana. Esas cinco pruebas o viajes me enseñaron cómo de las obras materiales se pasa a los trabajos más elevados de la inteligencia, y me convencieron de que mi deber como masón es conocer, practicar y propagar el culto al trabajo en busca de la Luz, para develar los misterios ocultos de la naturaleza y la ciencia.

Un compañero inocente
Años después se me seleccionó para ser ascendido al “sublime” Grado de Maestro, pero antes me realizaron un profundo cuestionamiento sobre la Masonería. Invitado a estar entre las columnas fui haciendo frente a cada cuestión.

Al terminar, y luego de cubrir el templo por un considerable periodo, el hermano que fungía como Orador me comunicó que me presentara en hora, lugar y fecha en la Cámara del Medio de la logia.

Como ya comenté en mi libro El misterio de los masones, los Aprendices cobran sus salarios en la Columna del Norte, pero los Compañeros al tener una condición superior lo realizan en la Columna del Sur, pero el hermano habló de una “Cámara del Medio”, expresión que jamás había escuchado.

Como las dos columnas que se encuentran dentro del templo son herencia de las que estaban colocadas en el pórtico del Templo de Salomón, tomé una Biblia para buscar la “Cámara del Medio”. Tras un cuidadoso estudio no encontré mención alguna sobre aquella expresión. Semejante error me fue improbable hasta que comprendí, tiempo después, el sentido del lugar.

El taller donde trabajamos se denomina así para significar que los masones que han llegado al último grado del simbolismo, son los encargados de trazar los planos que deberán seguir los Aprendices y Compañeros colocados bajo su vigilancia. Por tanto, el taller está colocado en medio, o bien en el centro porque la perfección humana, siempre limitada y relativa a la que debemos aspirar, equidista del estado de instrucción que simbolizan los primeros.

La cita era de extrema importancia, todos mis anhelos desde el día de la iniciación se estaban por cumplir, iniciar los caminos que conducen a la maestría masónica. Estaba preparado para un gran festejo, mi exaltación duró hasta que ingresé y visualicé algo terrible.

Participando en los cuestionamientos sobre la Masonería y evaluando mi actitud ante la vida, de reojo observaba un templo negro, sembrado de lágrimas blancas y diferentes trofeos fúnebres. En el centro había un féretro cubierto con un paño negro sobre el cual estaban unas ramas de acacia, un compás y una escuadra. A la cabecera del mismo presencié un esqueleto humano portando en la huesuda mano un reloj de arena. Los altares y asientos tapizados también en negro. En el centro de la cámara y pendiente del techo una lámpara sepulcral.

Exasperado entra un maestro gritando que han asesinado a un maestro que se llamaba Hiram. Allí me vino en mente, cuando realizaba mi búsqueda en la Biblia del lugar de la Cámara del Medio, la importancia de ese personaje en la construcción de Templo de Salomón, un forjador de metales que erigió el mismo templo.

En ese momento algunas voces se levantaron pidiendo que nos retiren del templo, argumentando la situación presente y grave. Un asesinato. Salimos. Al rato llegó nuestro instructor con semblante preocupado, pero nervioso nos indicó que los miembros de la Cámara del Medio desean verificar nuestros mandiles y guantes, luego seríamos llamados a declarar para demostrar nuestra inocencia del asesinato cometido.

Dicho esto le entregamos nuestras indumentarias y de inmediato volvió al templo, con nuestros mandiles y guantes en la mano. Tiempo después nos invitaron a reingresar para hallarlo en la más completa oscuridad, excepto por la solitaria llama de una vela que ardía al Este. En esa cámara tan grande y sin ventanas, la vela solitaria otorgaba poca de la preciada iluminación, pero cuando mis ojos se acostumbraron, puede distinguir los ornamentos ya presentados que lejos estaban de ser familiares. Para terminar mis temores observé que los presentes tenían otros mandiles, negros, como toda la sala, con una calavera y par de tibias cruzadas en el centro. Daban la impresión de algún duelo y recordé la exaltación de aquel maestro. El forjador de los metales había fallecido.

La ceremonia continuaba con la solemnidad fúnebre que se apreciaba en el templo, conmemorando el trágico fin de un Gran Arquitecto, quien, según una leyenda aceptada por la universalidad de la hermandad, habría sido el depositario de la verdadera identidad de los Maestros masones.

Tras la búsqueda de los masones operativos; los maestros comacinos

Para un estudio completo de la masonería operativa del medioevo sería necesario incluir un tratado de varias escuelas de arquitecturas y tendencias nacionales y económicas que influyeron en su creación y desarrollo. En esta nota, el interés está circunscrito en la búsqueda de los constructores operativos que precedieron a los Colegios Romanos, para encontrar en ellos su implicancia como guardianes temporales de la ciencia especulativa de los Misterios.

No obstante, el estudio de la arquitectura es de considerable valor para el masón, puesto que es la imagen, en el plano físico, de poderosas ideas que están en los mundos internos, y por medio de su estudio ciertas leyes de edificación pueden ser aplicadas y entendidas para la construcción humana.

Cuando Europa fue arrasada por los germánicos y el imperio del Oeste destruido, la mayoría de los colegios romanos desapareció con los demás frutos de la civilización. Los Misterios cubiertos por ellos sobrevivieron en una forma más o menos reprimida en Italia y Francia. Fue de estos sobrevivientes de donde se derivaron las logias de masones, agrupados en uniones durante la Edad Media.

Mackey relata como declinaron los Collegia Fabrorum después de la caída de Roma, y cómo se empezaron nuevas uniones, además cómo algunos sobrevivieron bajo el patrocinio de los monasterios cristianos, para luego obtener su independencia.

Los primeros pasos del revivir del arte de la construcción se pueden encontrar en Lombardía, donde se originó el estilo llamado románico que finalmente se esparció por toda Europa. Leader Scout en su obra, Los constructores de catedrales, señala que parte de los colegios de arquitectos de Roma se trasladó, durante los últimos días del imperio, al seguro refugio ofrecido por la pequeña república de Comum, e hizo su refugio en la hermosa isla, todavía conocida como, Isola Comacina, en el Lago Como, en el norte de Italia. Según Cotterill escribe en su Historia del arte, hacia el año 568 d.c. los comarcos circunvecinos cayeron en manos de los lombardos, cuya morada original había sido en las partes bajas del Elba, y aunque inicialmente fueron detestados por los ítalos, con sorprendente rapidez demostraron gran interés por las artes y el refinamiento de la tierra que habían conquistado.

Scout sostiene que la primera mención en los registros contemporáneos sobre los maestros comacini que derivan de aquel colegio romano, ocurre en el código del rey lombardo Rothares (643), en el cual ellos figuran como Maestros Masones con poder para hacer contratos para obras de construcción y para dar empleo a trabajadores y peones. Son mencionados también en el “memorataro” del rey Luitprand en 713, cuando recibieron los privilegios de hombres libres en el Estado lombardo.

Los cronistas italianos cuentan que hacia el siglo VI fueron enviados arquitectos y constructores por el Papa Gregorio el Grande a Inglaterra con San Agustín, y sabemos por el Venerable Beda, por intermedio del libro de Eduardo Callaey, Los orígenes monásticos de la masonería, que hacia esa fecha San Benito Biscop salió hacia Galia para buscar constructores para erigir una iglesia monástica en Wear Mouth. San Bonifacio visitó Italia antes de emprender su gran misión en Alemania hacia 715; el Papa Gregorio II le dio instrucciones y credenciales, y con el envió un gran séquito de monjes versados en el arte de la construcción y de hermanos laicos que eran también arquitectos para ayudarles.

Scout argumenta que estos constructores eran Maestros Comacinos, basando su teoría en la evidencia de los métodos de construcción y la similitud de los estilos empleados. De igual manera se encuentran vestigios de los comacinos en Francia y Normandía; en realidad donde quiera que el estilo románico de construcción haya penetrado.

La unión comacina no solo heredó las tradiciones de construcción de los Colegios, de acuerdo con Leadbeater, heredaron también los Misterios y fue principalmente debido al impulso dado por ellos que se efectuara un revivir general de las logias existentes en Europa durante la Edad Media. Muchos de los hermanos de la época eran hombres de amplia cultura y refinamiento que conocían mucho del significado oculto de los ritos y ceremonias transmitidas entre ellos. La mayoría de los artesanos, probablemente sabían un poco más de que había un significado simbólico para sus ceremonias, herramientas y trataron de ordenar sus vidas de acuerdo con éste.

Según Ward, en La francmasonería y los dioses antiguos, los comacinos muestran marcadas analogías con nuestro moderno sistema masónico. Estaban organizados en maestros y discípulos bajo el mando de un gran maestro. Sus sitios de trabajo eran llamados Logias tenían maestros y guardianes, signos, insignias, palabras de pase. Los cuatro mártires coronados eran sus Santos Patronos, usaban mandiles y guantes blancos.

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Testimonio de la posición masónica ante la Revolución Francesa

A esta altura, cuando ya hablamos del aporte masónico a la revolución y de las insostenibles “teorías conspiratorias”, me parece oportuno, para terminar este tema, reproducir textualmente una declaración de la Logia Contrato Social que define, en líneas generales, la posición de los masones ante la emergencia del año 1789.

El historiador masónico Albert Lantoine (1868-1949) publicó el documento en su libro La franc-maconnerie écossaise et la politique générale au temps de la Revolution Francaise y el comienzo de la carta a todas la logias de Francia decía “en el Oriente de París, el vigésimo día del noveno mes de la Luz verdadera 5790. A la gloria del Gran Arquitecto del Universo, la Logia de Saint-Jean d`Ecosse du Contrat Social, la logia-madre del rito escocés en Francia, a todas las logias regulares y a todos los masones dignos de este nombre, Unión, Fuerza, Salud”. La declaración expresaba textualmente:

“Francia acaba de conocer una revolución de la que no presentan ejemplo alguno los anales del mundo entero. Pero en medio de esos grandes acontecimientos que van a generarla, nuestra sociedad se encuentra fuertemente atacada por hombres que, sin conocerla, se han atrevido a calumniarla, y ha sido casi profanada por otros que, pretendiendo conocerla, abusan de algunos de sus principios para desviarnos de nuestro verdadero objetivo.

“No cabe duda alguna de que hemos ejercido mucha influencia en los grandes acontecimientos que inmortalizan los últimos años del siglo XVIII. Pero, ¿en qué ha consistido esa influencia? Eso es lo que nos proponemos examinar. Y este examen debe producir el doble efecto de destruir las nuevas impresiones con que se nos quiere alimentar y preservar a nuestros hermanos de las ilusiones nacidas de imaginaciones demasiado exaltadas.

“Muchos siglos antes de que Rousseau, Mably o Raynañ hubiesen escrito sobre los derechos de los hombres y hubiesen arrojado sobre Europa el caudal de luz que representan sus obras, ya practicábamos nosotros en nuestras logias todos los principios de una verdadera sociabilidad. La libertad, la igualdad, la fraternidad, eran para nosotros deberes tanto más fáciles de cumplir cuanto que nos preocupábamos cuidadosamente de mantenernos alejados de los errores y prejuicios que han provocado desde hace muchísimo tiempo la desgracia de las naciones. Acordaos de los elementos de nuestra doctrina y de las primeras instrucciones que damos a nuestros neófitos y estaréis de acuerdo conmigo en que no parecería sino que la Asamblea Nacional francesa haya recogido en nuestro seno la célebre declaración de los derechos del hombre.

“Una revolución que se fundase exclusivamente en la violencia no podría durar; la fuerza acaba siempre con lo que la fuerza ha encumbrado. No sucede lo mismo con una revolución traída por las luces, y lo propio de las verdaderas luces consiste en propagarse y extenderse cuando alcanzan determinado nivel. Así es como hemos influido realmente en la revolución actual, ilustrando en nuestros misteriosos talleres a una masa de ciudadanos que han llevado a la sociedad ordinaria nuestros principios y, por qué no decirlo, nuestras virtudes.

“Pero no hay que engañarse: nuestros principios no han pretendido jamás derrocar, mediante violentas sacudidas y procedimientos sanguinarios, las leyes civiles y políticas por las que rigen las naciones; una de nuestras máximas, respetada inviolablemente entre nosotros, proscribe de nuestros talleres todo lo referente a lo que vulgarmente se llama “cuestiones de Estado”. Las formas de gobierno no pueden constituir ni el objeto de nuestros trabajos, ni un obstáculo para su éxito…

“Ya sea que el masón viva en una república, ya bajo una monarquía absoluta, moderada o mixta, en todas partes es ciudadano, en todas partes se somete a las leyes, en todas partes respeta a las personas que se encargan de hacerlas cumplir.

“Que no se crea, sin embargo, que esta sumisión a las leyes propias de cada nación, que esa inviolabilidad que reconocemos a sus jefes, no es otra cosa que apatía en lo que concierne a la felicidad de los hombres. Sería un error tan grande como creer que fomentamos en nuestros apacibles refugios esos movimientos tumultuosos, esas súbitas efervescencias que, al provocar el delirio en las almas, ensangrientan la tierra con el pretexto de restablecer la libertad y la igualdad. Nosotros somos amigos del género humano, pero nuestro amor por el hombre no degenera nunca en fanatismo. Queremos su felicidad, pero estamos convenidos de que debe ser obra de las luces y de las virtudes y de que los furores de la anarquía le son más funestos que las crueldades del despotismo.

“Hijos de la naturaleza fuertemente degradados por la perversidad de las pasiones y los prejuicios de la ignorancia, queremos regenerar la tierra, pero en ningún caso bajo un diluvio de sangre; queremos que todos los hombres sean libres, pero no creemos que haya que romper sus cadenas con la espada; queremos que los hombres se consideren y se quieran como hermanos, pero deseamos recordarles su origen común mediante una santa tolerancia de opiniones, una beneficencia inagotable, una paz inalterable.

“Hombres dirigidos por tales máximas (…) han debido ejercer la influencia propia de la sabiduría y la virtud sobre esa nueva legislación que ha puesto los fundamentos de una constitución monárquica que hace reinar al jefe hereditario del Imperio mediante leyes, convirtiéndolo así en centinela vigilante de la libertad pública y entregándole un cetro tanto más poderoso cuanto que le ha sido confiado por todos para la felicidad de todos, un cetro tanto más digno de nuestro respeto y de nuestro homenaje cuanto que ya no es el emblema espantoso de la tiranía, sino el signo precioso de esa realeza que la sabia razón inspira a todas las grandes naciones que desean garantizar la felicidad mediante el cumplimiento de las leyes que se han dado a sí mismas.
“Debemos, pues, venerar la nueva constitución francesa; debemos apoyarla con el prestigio de nuestras virtudes, con la expansión de nuestras luces; siendo los ciudadanos más virtuosos y más instruidos, debemos ser los primeros en dar ejemplo de obediencia a los decretos aceptados o aprobados legalmente; debemos multiplicar nuestros esfuerzos para convencer progresivamente a aquellos entre quienes vivimos de que no hay felicidad sin paz y de que no hay paz sin sumisión a las leyes”.

Emilio Corbière afirma y yo sostengo, que aquel era un programa del liberalismo histórico dentro del modelo en los prolegómenos de la revolución burguesa. Pero sostener la plena libertad de consciencia, reconocer la sujeción del monarca o de la república a la ley, “regenerar la tierra”, invocar a la “sabia razón”, y no a Dios o a la Iglesia, era subversivo para la mentalidad del viejo régimen absolutista. Esta orientación liberal moderada es otra razón para rechazar la teoría del “complot masónico”.

La teoría del “complot masónico” en la Revolución Francesa

Ya en la nota anterior he señalado cómo la masonería ejerció su apoyo o influencia intelectual para el desarrollo de la revolución de 1789. Sin embargo, existe una gran bibliografía sobre la teoría del “complot masónico”, de una “conjura”, o de una “traición” para abolir la monarquía francesa y desterrar el catolicismo.

Es importante tener en cuenta estas percepciones, por más equivocadas que sean, porque ellas influyen en el imaginario colectivo de los lectores para instalar una situación de peligro y alerta sobre la masonería. Estas publicaciones inauguraron una nueva etapa de la raison d` Etat para justificar la represión y la discriminación ideológica.

Por medio de la obra de Emilio Corbière, La Masonería, políticas y sociedades secretas en la Argentina, encontramos a los más importantes ideólogos reaccionarios que se destacaron en la campaña antimasónica; fueron el francés Agustín Barruel, el escocés John Robinson, el alemán Johan August Stark, el austriaco Leopold Alois Hoffman y otros del siglo XX.

Barruel en sus cinco tomos de su Mémoire pour servir a l`histoire du jacobisme (1797) sostenía ideas abracadabrantes y su posición sería reproducida, desde el momento en adelante, por todos los miembros del integrismo católico y demás sectores reaccionarios. Decía Barruel que antes de 1789 “había hombres que se hacían llamar filósofos, conspirando contra Dios y el Evangelio”, conspiración que tenía por objeto esencial “destruir todos los altares de Jesucristo”. Era la conspiración de “los sofistas de la incredulidad y de la impiedad”.

Tras explicar que la “conspiración” estaba organizada por la masonería, señalada además de “atea” e “irreligiosa”, la Orden conspiraba no solo contra los reyes, “sino contra cualquier forma de gobierno, contra cualquier sociedad civil, incluso contra cualquier clase de propiedad”.

Stark, un pastor luterano de Mecklemburgo, escribió en 1785 una novela antimasónica y varios artículos en el mismo sentido, que aparecieron en la revista Eudemanía (1796) y en su libro El triunfo de la filosofía en el siglo XVIII. La tesis central es que la “subversión masónica tiende a derribar los altares, hundir los tronos, pervertir la moral, y demoler el orden social”.

John Robinson defendió la tesis de la “conspiración masónica” en su obra Proof of a conspiracy against all the Religions and Govern of Europe, carried on in the secret meeting of Free-mason, Illuminating and Reading Societies. Por su parte, Leopold Alois Hoffman popularizó la teoría entre la población a través del periódico Wiener Zeitschrift, donde denunciaba a los elementos “subversivos”.

Este último señaló a la Logia vienesa La Armonía Verdadera como sucursal revolucionaria del jacobismo parisino y otra organización Zur Wahern Eintracht que dirigía Von Born. La última era una academia masónica de ciencias, que Born alentaba junto con otros intelectuales inofensivos, ya que carecían de objetivos “insurreccionales”.

Para completar el cuadro de la situación, la campaña antimasónica se desplegó con la compilación panfletaria realizada por Lefranc en Le voile levé tours les curieux ou le secret de la Révolution de France rélevé á làide de la Franc-maconnerie (1791). Los textos de denuncia de una conspiración orleanista, escritos por Galart de Montjoie en 1796, Historie de la conjuration de Louis-Phillipe-Joseph d`orleáns, sur nommé Égalité. Un libro del jesuita Hervás y Pandero, Causas de la Revolución de Francia en el año 1789, y otros medios de que se han valido para efectuarla los enemigos de la religión y del Estado (circa 1795). Este primero circuló en manuscrito y luego fue publicada en 1803.

En realidad, la “teoría conspirativa” tenía antecedentes previos a la toma de la Bastilla. En 1734 se había prohibido la circulación del Tratado Lettres Phillosophiques y en 1776 el ministro Seguier, ningún antepasado de quien escribe, “por orden del rey” prohibió el Systeme de la nature del enciclopedista d`Holbach.

Decía en su resolución Seguier: “Una vez extirpadas las herejías que han alterado la paz de la Iglesia, hemos visto salir de las tinieblas un sistema todavía más peligroso por sus consecuencias que esos antiguos errores…una secta impía y audaz” (refiriéndose a la masonería). Para que no quedaran dudas, recordaba el ministro, que los males son producidos por “la libertad de pensamiento”.

Otras obras antimasónicas que hablan del mismo tema, pero de autores del siglo XX son: La Masonería y la Revolución Francesa, por Helmut Reinalter; Genealogía del complot masónico, por Charles Parset; Les Lumiéres en Hongrie, en Europe Centrale et en Europe Orientale, por Walter Markau (1972). Ver también: La franc-masonnerie francaise et la preparation de la Revolution, por Gastón Martín (1926) y La franc-maconnerie et la Revolution francaise (1974).

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Presencia masónica en la revolución francesa

Muchos libros ya se han escrito para argumentar a favor o en contra de la participación de la masonería en la Revolución Francesa. Existen hechos que por sí solos constituyen pruebas fehacientes de la participación de masones en la revolución de 1789. Pero sostener que la Masonería francesa fue la organizadora y la causa de la Revolución es totalmente absurda. Procesos históricos como el que generó la gran revolución son, como veremos, el producto de complejas causas socioeconómicas, políticas y culturales.

En Francia ya hacía tiempo que el ancien régime estaba en dificultades. El gobierno se enfrentaba a crisis financieras que una sucesión de ministros de economía capaces y bienintencionados no habían podido paliar al verse obstaculizados por grupos e individuos con influencia en la corte. El problema principal era que la aristocracia no tenía obligación de pagar impuestos; se les había otorgado ese privilegio a cambio de que desistieran de ejercer influencia política.

Estas dificultades financieras y la negativa de las aristocracia en la Asamblea de los Notables a ceder su privilegio de extensión impositiva, llevaron a Luis XVI a convocar a los Estados Generales, que se habían reunidos por última vez ciento setenta y cinco años antes, en 1614. Los Estados Generales consistían en el Primer Estado, los representantes del clero; el Segundo Estado, los representantes de la nobleza; y el Tercer Estado, los representantes de la gente común. Durante la campaña electoral de los Estados Generales, en la primavera de 1789, el abate y francmasón Joseph Sieyés escribió un panfleto titulado ¿Qué es el Tercer Estado? Allí sostenía que se trataba del único cuerpo legislativo electivo que tenía el derecho de gobernar Francia.

Cuando los Estados Generales se reunieron en Versalles el 4 de mayo, de inmediato el Tercer Estado cuestionó el derecho del Primero y Segundo Estado. Honoré Riqueti, francmasón y conde de Mirabeau, se convirtió en el principal orador del Tercer Estado. El conflicto entre los Estados Generales llevó a que el Tercer Estado se adjudicara el carácter de Asamblea Nacional. Luis XVI no emprendió ninguna acción efectiva contra ellos, pero en París corría el rumor de que estaba preparando un golpe militar para disolver la naciente Asamblea y arrestar a sus dirigentes. El pueblo de París respondió invadiendo los depósitos de armas de los inválidos, y una vez que obtuvieron armas pequeñas, tomó la Bastilla el 14 de julio.

El clima cultural que abre paso a la revolución se va desarrollando con la Ilustración y la Enciclopedia. Es imposible demostrar documentalmente que la masonería francesa emitiera un documento u orden para iniciar, dirigir o encauzar los acontecimientos. Lo cierto y demostrable es que varios líderes de la revolución fueron miembros de la masonería. Las logias masónicas en Francia fueron las correas de transmisión de nuevas ideas, actuaron como sociedades de pensamiento. Así es innegable su aporte ideológico y simbólico.

La divisa masónica “Libertad, Igualdad, Fraternidad”, fue incorporada al acervo revolucionario. Los colores de la bandera republicana -azul, blanco y rojo-, proceden de los tres tipos de logias, procede de la escarapela tricolor ideada por Lafayette, francmasón y carbonario. El gorro frigio, símbolo de la república, es igualmente un símbolo masónico. El mismo himno de la revolución, “La Marsellesa“, compuesto por el también francmasón Leconte de l’Isle, fue cantada por primera vez en la Logia de los Caballeros Francos de Strasburgo. Y así mismo, todo el simbolismo griego que adoptan los revolucionarios, al igual que el deísmo naturalista de que hacen gala, puede encontrarse sin dificultad en las leyendas y temas masónicos.

Una opinión que no puede ponerse en duda por lo espontáneo de la misma es la de la mujer del rey capeto: María Antonieta, que le decía en una carta de su madre, la emperatriz de Austria, sobre los miembros de la masonería: “Todo el mundo pertenece a ella…”.

No era extraño que “todo el mundo” perteneciera a la orden, pero lo que si resulta claro, a partir de los archivos del Gran Oriente de Francia, que en los años previos a la Revolución, las cofradías masónicas habían logrado una inserción notable en el poder real. Según el trabajo de André Combes, del Instituto de Estudios e Investigaciones masónicas en París, “la progresión del número de logias en los años 1780 es fruto de la necesidad colectiva de fomentar nuevos valores”.

No cabe duda alguna que los masones han ejercido gran influencia en la Revolución Francesa en el campo intelectual. Los principios de la masonería triunfan más que la masonería en sí. Notorios masones protagonizaron los sucesos revolucionarios, llevados por sus instintos y sus intereses, más que siguiendo un plan preestablecido y una planificación orgánica. Si existió una “conspiración masónica”, el deber respecto a la verdad nos obliga a afirmar que no puede demostrarse. Pero los resultados están ahí: la Revolución Francesa, hija directa de la Revolución Americana, abrió el paso hacia lo que hoy es el mundo moderno.

Los masones, construyendo una catedral

En más de una oportunidad me han dicho que soy un idealista, que la vida no es lo que debe ser, sino lo que nos toca vivir. Aquellos que me ven como un soñador no entienden que la vida es el algo que nosotros hacemos que ocurra, no es algo que ocurre y que no podemos remediarla. Cada hombre es arquitecto de su propio destino y las sociedades que no saben aprender de sus errores para mejorar, seguirán frustradas por sus necesidades. Esta es la historia sobre el sentido profundo de las actividades diarias que realizamos y de cómo un joven descubrió el legado de su abuelo.

Luego de una gran incendio que azotó a la ciudad, varias construcciones se llevaron nuevamente a cabo, y no pocas estuvieron en manos de los masones.

Hijo, dijo la madre, ven a ver, vienen los masones. Ellos…los que van caminando de Oriente a Occidente y de Norte a Sur, con los pies firmes en el universo. Madre, son un montón los hombres que están construyendo, cómo los diferenciaremos. A ver, pensó la mujer, vamos a preguntarles a estos que pasan.

Oiga señor, ¿podría decirnos que usted hace? Estoy picando piedras, porque no tengo empleo así que hago esto o cualquier cosa para juntar algún dinero.

Preguntemos a este otro, ¿qué hace por aquí? Estoy trabajando, respondió alicaído.

Mamá, entre todos estos será imposible encontrar a un masón. No te preocupes hijo, acerquémonos a este último. Señor, disculpe, ¿qué hace en la obra? ¿Yo?, respondió sonriendo, al momento que dejó entre sus manos la piedra que estaba picando para sumarla al muro. Y dijo, estoy construyendo una catedral.

Cómo supiste que este último era un masón. Hijo, porque tu abuelo lo fue y les puedo reconocer por sus rostros que son lisos, no tienen arrugas, ni permiten dobleces, no temen nada porque para ser masones tuvieron que morir en vida para finalmente poder vivir como masones. Vienen del seno de la tierra para ser luz en la sociedad. Estos hombres mudaron de piel y dejaron la vieja por una nueva, una piel que está llena de luz.

Aquí está el secreto más profundo para saber si la vida la vivimos nosotros gozosamente o si la amargura nos envuelve en lo que realizamos.

Podemos picar piedras todos los días.

Podemos acudir a nuestros trabajos moviéndonos como autómatas.

Podemos fatigarnos procurando el dinero o el pan de nuestros hijos.

Podemos vivir neuróticamente creyendo que nuestras metas son las cuentas bancarias y las inversiones.

Si.

Se puede sobrevivir de ese modo. Pero permanentemente nos estaremos estrellando contra una roca que nos despedaza. Y además una sensación de vacío habitará en nuestro interior.

La sabiduría de la vida está precisamente en tener el gozo de “construir una catedral”, de tener proyectos y sueños amplios, de trascender a lo cotidiano.

Convendría que cada uno pudiera responder a esa pregunta

- Tú ¿qué haces?

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¿Masones?… para qué. Tratado sobre la razón de ser de la masonería

Hace un par de días leí en un blog el comentario de un hermano sobre la noción que tienen otros “hermanos” de la masonería. Este hermano que escribió el comentario, y a quien tengo especial estima, quedó perplejo ante las opiniones escuchadas en los pasos perdidos de una obediencia masónica.

La opinión se desarrolló, y lo transcribo, “hacia la afirmación de que (la masonería) es una institución forjadora de hombres, en directa implicancia a que la institución busca alimentar al profano a la búsqueda de un camino de su mejor realización, pero y siempre hay un pero, dejando de lado su sentido de expansión de dichos principios hacia la sociedad”. ¡Bárbaro!, como dirían los romanos.

Justamente este tipo de comentarios hacen de la masonería la depositaria de todos los males. Esta desinformación sobre el propósito de la masonería me llevó a escribir estas líneas, quedándome tranquilo ante aquella barbaridad que anida en los hombres que se disfrazan de masones o que utilizan a la organización como un carnet de pseudo prestigio social o político.

El tema viene bien cuando en los albores del siglo XXI, las libertades de pensamiento, manifestación, expresión ideológica y religiosa están protegidas por los estados, la sociedad en América latina se pregunta ¿Qué tienen o cuáles son las actividades que realizan en sus lugares de reunión, como para que la sociedad no pueda conocer sin iniciarse en sus misterios? ¿Qué encierran sus prácticas a los ojos de la humanidad?

La masonería procura inculcar en sus adeptos el amor a la verdad, el estudio de la moral universal, de las ciencias y de las artes. Tiende a extinguir los odios de raza, los antagonismos de nacionalidad, de opiniones, de creencias e intereses, uniendo a todos los hombres en bien de la humanidad. Impulsa a mis miembros a transformarse en elementos útiles para la sociedad.

Enseña mediante sus grados y ritos, que no son de un siglo, tampoco se establecieron de una vez para siempre, sino que fueron apareciendo en épocas diferentes como pensamientos e ideas que gradualmente se desarrollaron y se unieron por una atracción natural y progresista de la civilización. Claro que la masonería consiste en algo más que conferir grados, en la exacta repetición de las lecturas de cada grado, y en el familiar conocimiento de las fórmulas y palabras que se usan en la apertura y en la clausura de sus trabajos.

La misión principal de la masonería es enseñar la ley de evolución y del progreso, el hombre hacia la perfección. No es posible hallar una verdadera interpretación de la masonería sino se relaciona su sistema, estrechamente con el proceso evolutivo de la humanidad. Todo en ella gira en torno de un progreso gradual de la oscuridad a la luz y todo lo que la luz trae aparejado.

La finalidad de sus grados consiste en presentar al masón objetivos de evolución en vida, no para el mundo de las ideas, los cuales debe esforzarse por alcanzar, para que el grado que ostenta esté lo más cerca posible del grado evolutivo que va alcanzado. El camino evolutivo, en el cual se funda la masonería, es, desde todo punto de vista, práctico y útil. Significa, para el que recorre, un progreso en capacidad mental, conocimientos, visión, sabiduría y fuerza espiritual que lo comprometen a volcarlos en bien de la humanidad.

La masonería ofrece ayuda y guía para que nos volvamos cada día más conscientes de que nada puede detener el impulso que motiva el progreso humano en su peregrinaje de la oscuridad a la luz, de la irrealidad a la realidad, y de lo perecedero a lo imperecedero. Es un despropósito ser masón y no preocuparse por estos temas, que son individuales y a la vez colectivos.

Procura demostrarnos, en fin, que seremos esclavos de nosotros mismos y susceptibles a circunstancias limitadoras sólo hasta que tomemos conciencia del que el hombre es un fin en sí mismo, no el medio para los fines de otros y que la búsqueda del propio interés racional y de nuestra felicidad es el más alto propósito en la vida.

La posesión de antiguos secretos que excitan la curiosidad de los hombres y atraen de una manera irresistible a sus templos, no le bastaría para afianzar perpetuidad y vitalidad perenne. La masonería se desarrolla en los siglos porque sus fines son más nobles y elevados que la simple conmemoración de sus misterios secretos, porque requiere que ellos se conviertan en norma de vida de sus adeptos y que estas normas se cumplan a cabalidad, de lo contrario ¿para qué sostener algo que no se practica?

En conclusión,
la Masonería es una institución universal, esencialmente ética, filosófica, iniciática y progresista. Ella tiene por principio la libertad absoluta de conciencia y la solidaridad humana. Constituye el centro de unión para los hombres de espíritu libre de todas las nacionalidades y credos. Como institución docente formativa tiene por objeto el perfeccionamiento del hombre y de la humanidad. Promueve entre sus adeptos la búsqueda incesante de la verdad, el conocimiento de sí mismo y del hombre en el medio en que vive y convive, promueve el estudio de la moral universal, de las ciencias, y las artes para alcanzar la fraternidad universal del género humano.

Prince Hall, una masonería desconocida para el mundo hispano

Aunque parezca un despropósito o una falta de práctica en los principios de “igualdad” que sostiene la masonería, en los Estados Unidos ocurre un fenómeno extraño para nosotros los latinos. Existe una corriente masónica pujante que por largos años ha sido escamoteada en términos de información y tratada de “irregular”. Me refiero a la Obediencia Prince Hall que agrupa a los hermanos americanos negros.

La masonería de los negros americanos es todo un tabú para los latinos y por demás difícil de entender cómo es posible que los masones se dividan por el color de la piel, cuando esta milenaria agrupación es depositaria de la fraternidad universal. Ojo que no me estoy refiriendo a una corriente menor. Hoy en día, en todo el mundo, existen más de 44 Grandes Logias Prince Hall con más de 300.000 miembros.

La historia de los negros en la masonería de los Estados Unidos comenzó un año antes de la declaración de independencia, cuando un estadounidense llamado Prince Hall fue iniciado en la Irish Constitution Military Lodge junto a otros cuatro negros libres.

Poco se sabe de la vida de Prince Hall. Aunque no se ha encontrado registro alguno de su nacimiento, se considera, de acuerdo a fuentes masónicas, que nació en Barbados, Antillas, el 12 de setiembre de 1748. También se sostiene que llegó a Boston en 1765, procedente de África, y que fue vendido como esclavo a William Hall, quien lo “liberó” en 1770.

Ya iniciado, junto con otros negros, se le dio la autorización para reunirse con el nombre de Logia Africana Nº 1. Al concluir la guerra, Hall solicitó una Carta de Constitución a la primera Gran Logia de Inglaterra; le fue entregada en Boston el 29 de abril de 1787. Una semana después ya estaba organizada la Logia Africana con el Nº 459.

A esta logia se le permitió establecer otras, con lo que se convirtió en la logia madre que dio a Hall autoridad suficiente para emitir patentes. Así se constituyeron varias logias “africanas” en gran parte de los Estados Unidos. En junio de 1771 se organizó en Boston la Gran Logia Africana, con Hall como Gran Maestre, pero parece que la medida no resultó, pues habría que esperar varios años para tener noticia de esa nucleación.

Hacia 1813 con la unión de las dos Gran Logias de Inglaterra, la Logia Africana Nº 459 fue retirada de los registros de la naciente Gran Logia Unida de Inglaterra (GLUI). Y hasta 1824 esta logia africana se reunió muy pocas veces e inclusive estuvieron a punto de cerrarla. Ese año (1824), fue remitida de nuevo una nota a la GLUI pidiendo la renovación de su Carta Constitutiva, hecho que no fue respondida hasta la fecha.

De todas formas, pese al silencio de los hermanos ingleses, experimentaron una revivencia de actividades hasta que en 1827 llega a la Veneratura un habilidoso hermano llamado John Hilton, quien comenzó a pensar seriamente en la creación de una Gran Logia que cuidase los asuntos de la comunidad minoritaria en los Estados Unidos.

Hall murió en diciembre de 1807. Al año siguiente, en un acto conmemorativo en su honor, el nombre de la Gran Logia Africana cambió a Gran Logia Prince Hall. En la actualidad, tanto la GLUI como la de Irlanda y muchas otras reconocen a esta Obediencia en Massachussets, la ciudad de la antigua Logia Africana Nº 459.

Pero, a pesar de estas líneas, sigo sin comprender el tema de que parte de los masones en los Estados Unidos estén separados por el color de la piel. A fin de cuentas, ¿no somos todos humanos?

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Por un mundo laico

En esta parte de América y especialmente en el Paraguay, la Iglesia Católica desde su instalación tuvo una gran participación en el campo de lo político. Tal es la vergüenza que vive hoy esta sociedad paraguaya, carente de liderazgos, que hoy su mayor exponente para ocupar la presidencia de la República en el 2008 es un activo sacerdote.

Gestos desde la política hacia esta iglesia siempre existieron, el último fue el ofrecimiento de USS 500.000 del actual mandatario, a modo de paliar su pobre administración y acallar las voces religiosas. Recuerdo que en aquel momento envié a los medios de prensa una nota titulada “En defensa de la República“. Pero, considero que no pocos ciudadanos comprenden que lo religioso no puede inmiscuirse en la sociedad civil y menos aún gobernarla.

Tal es el caso que en una oportunidad, un exitoso empresario paraguayo me preguntó ¿qué es la laicidad, que quiere decir ser laico? El término “laico” tiene dos sentidos. El primero indica un estado que no privilegia ninguna religión o concepción de vida, que confiere derechos y establece la igualdad para todos los ciudadanos, independiente de sus convicciones filosóficas. El segundo, indica a las personas o grupos para los que la libertad de juicio, incluso en lo relativo a la religión y la tolerancia, constituyen fines fundamentales. Hablamos, desde luego, de objetivos o de valores no confesionales.

Laicización de la sociedad
Habría que referirse a 1548 como el inicio de una etapa que privilegió la tolerancia. Polonia, durante el reinando de Segismundo (1548-1572), fue el primer país en permitir la tolerancia religiosa. En Francia, el Edicto de Nantes (1598) impuso una efímera atmósfera de tolerancia aunque limitada hacia los protestantes (hugonotes), luego suprimida en 1685. El primer ideólogo importante de la tolerancia que tuvo Francia fue Pierre Bayle, quien debió abandonar el país definiéndose desde 1682 por la tolerancia religiosa del Estado y, adelantándose al ambiente de su época, fue el primer pensador de la edad moderna que incluyó también a los ateos entre las personas que debían ser toleradas por las autoridades.

La laicización de la sociedad procura que la vida pública sea independiente de ordenanzas religiosas. A este respecto, convendría destacar algunos procesos de laicización, tales como el derecho al divorcio, a la creación de escuelas y de hospitales públicos y la abolición de condenas que afectaban a los no creyentes. El laicismo no es antirreligioso; por el contrario, constituye el único medio para garantizar a cada uno el respeto real a sus convicciones religiosas.

La neutralidad del Estado
En un Estado democrático y laico, todos los ciudadanos deben ser iguales. Por esto, la neutralidad del Estado es indispensable: las leyes deben también organizar un sistema de enseñanza pública neutra donde todos los niños aprendan a vivir en conjunto en la diversidad de creencias, de convicciones no religiosas, de nacionalidad, etc. Un estado laico no debería financiar colegios privados.

La separación de la Iglesia del Estado protege a todos los ciudadanos contra la desigualdad de trato, desde un punto de vista religioso. Cuando la Iglesia y el Estado se separan y por lo tanto son autónomos, las doctrinas religiosas no pueden intervenir en la vida de los ciudadanos.

El laicismo hoy
El laicismo es más que la separación de la Iglesia del Estado. El ideal laico comprende la vida humana en todos sus aspectos. Desde ese punto, los masones que impulsan el laicismo, quieren construir una sociedad más justa, generosa y racional, donde el libre desarrollo de cada uno no impida la solidaridad. Para alcanzar este objetivo el laicismo en el sentido amplio de la expresión, debe responder con agilidad a los nuevos desafíos y ser activo en el plano social, cultural y político.

La actitud de la vida laica es profundamente humanista. En razón lucharon por el sufragio universal y han exigido, entre otras cosas, el derecho para que cada uno tenga un funeral no religioso si así lo desea.

Laicizar la ley significa que se la libera de toda sumisión a las doctrinas religiosas. El hecho de que una parte de la población rechace el aborto por razones religiosas, no puede impedir a los otros ciudadanos hacer sus propias elecciones en su vida privada.

Constante debate
Existe una gran controversia con respecto a la eutanasia, la clonación y a la investigación sobre el embrión. Los masones que promueven el laicismo no desean que la investigación científica se desarrolle sin control, pero tampoco quieren impedir las investigaciones y los progresos útiles que ellas propician. Entonces se hace necesario que haya un constante debate alrededor de los problemas relativos a la ética y que los comités de ética se ocupen sistemáticamente en esos problemas.

En conclusión, nos oponemos a que una visión religiosa de la vida se imponga a todos los ciudadanos, el ser humano ante todo es libre.

4 de julio de 1776, los masones y la independencia de los Estados Unidos

La Masonería ha ejercido una influencia en el establecimiento y desarrollo de los Estados Unidos mayor que cualquier otra institución. Ni lo historiadores generales, ni los miembros de la fraternidad desde los días de las primeras convenciones constitucionales han comprendido cuánto le debe Estados Unidos a la Masonería, y qué papel tan importante cumplió en el nacimiento de la nación y el establecimiento de los hitos de esta civilización moderna.

La influencia de la Masonería en el curso de la guerra de la independencia norteamericana fue a la vez directa e indirecta, general y particular. En algunos casos sirvió como vehículo para el desarrollo de actividades políticas e incluso de naturaleza revolucionaria. Así por ejemplo, la Logia de St. Andrew, en Boston, desempeñó un papel muy importante en el incidente del “té de Boston” y también, en la persona de John Hancock, aportó un presidente al congreso continental. La Masonería impartió sus valores y actitudes al recién formado ejército continental, y es posible que haya tenido alguna relación con la designación de Washington como Comandante en Jefe. Y constituía, asimismo, un vínculo fraternal con los voluntarios procedentes del extranjero, como fue el caso de Steuben y Lafayette.

La Masonería contribuyó a crear una atmósfera general, un clima o ambiente psicológico que ayudó a conformar el pensamiento no solamente de hermanos activos como Franklin y Hancock, sino también de personas que no eran masones. Sin la Masonería del siglo XVIII, los principios arraigados en el mismo corazón del conflicto – los derechos del hombre – no habrían tenido la influencia que tuvieron. Es verdad que esos principios les debían mucho a Locke, Hume, Smith y a los iluminados en Francia. Pero la mayoría de esos personajes, sino todos, eran masones, se movían en círculos masónicos o estaban influidos por la Masonería.

No solo dio forma a los ideales que sustentaron la guerra de la independencia; no solo afectaron al pensamiento de los políticos y gobernadores, los planificadores de alto nivel y los que tomaban las decisiones; no solo influyó en las actitudes de hombres como Howe, Cornwallis, Washington, Lafayette, también impregnó a la tropa en la guerra; a los soldados que encontraban en ella un vínculo unificador y un principio de solidaridad, sino que proporcionó un vehículo particularmente eficaz para los colonos que no habían leído a Locke, Hume, Smith y a los iluminados en Francia.

Fue fundamentalmente a través de las logias, donde las corrientes de pensamiento asociadas a esos filósofos se volvieron universalmente accesibles. Fueron en sus trabajos, donde los colonos se enteraron de la existencia de esa excelsa premisa llamada “los derechos del hombre”, y allí aprendieron el concepto de la perfectibilidad de la sociedad.

Así el 7 de junio de 1776, el hermano Richard Henry Lee, propuso oficialmente que las colonias se convirtiesen en “estados libres e independientes”. Para entonces, la misión diplomática de Franklin en Europa había empezado a dar sus frutos, Luís XVI de Francia había prometido un millón de libras en municiones y un compromiso se consiguió por parte de España.

El 11 de junio, el congreso designó un comité para que redactara un borrador de declaración de independencia. El texto de la declaración, redactado por masones, fue enviado al congreso y aprobado el 4 de julio de 1776.

Cuando se promulgó la Declaración de la Independencia, debió parecer sin duda un gesto quijotesco, como una empresa desesperada. Sin embargo, los hermanos masones, se dedicaron a incorporar sus propios ideales a las instituciones de la emergente república y será en la redacción de la Constitución donde su influencia será aún más visible

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Hermanos españoles se únen a Los Arquitectos

Un nuevo enlace se incorpora a este espacio de pensamiento masónico. Se trata la Logia “Hermes” #13 del Valle de Madrid, constituida el 3 de febrero de 1981 bajo los auspicios del Gran Oriente Español Unido, obteniendo el número “12″ en el registro de Logias de dicha Obediencia. El día 19 de febrero de 1983 se celebró su incorporación al registro de la Gran Logia de España con el #13.

Forma parte de la Gran Logia Provincial de Castilla en el Valle de Madrid. Los hermanos de la Logia “Hermes” trabajan el Rito Escocés Antiguo y Aceptado y se reunen los segundos, terceros y quintos (si los hubiera) lunes de cada mes.
El buen hacer ritualístico así como la fraternidad y la armonía entre sus miembros, son los rasgos más destacados de esta Logia, según indican.

De su sitio web podemos destacar la recomendación de libros masónicos, foros públicos, un menú de información básica sobre la Masonería y una revista de prensa. Cuenta además con una interesante biblioteca digital e interesantes documentos y la importante certificación educativa de Pietre-Stones Review

En simposio internacional desmontarán los falsos tópicos sobre la Masonería

Desde 1982 el Centro de Estudios Históricos de la Masonería Española, encabezado por el jesuita José Antonio Ferrer viene trabajando científicamente para desmantelar los falsos criterios y mitos oscuros que envuelven a la organización de la Escuadra y el Compás. El próximo encuentro internacional se celebrará del 6 al 8 de julio en el Centro Cultural de Ibercaja, en La Rioja (España).

El simposio albergará a más de cien especialistas de universidades europeas y latinoamericanas quienes desmontarán los “falsos tópicos” de aquellos grupos que desprestigian a la Masonería, centrándose en la figura del jefe de Estado y masón Práxedes Mateo Sagasta, en homenaje a la proximidad del centenario de la muerte de este político que fue “la máxima autoridad de la masonería”.

Ferrer, en conferencia de prensa destacó que, entre las ponencias, se incluye el análisis de personajes con los que se puede establecer un paralelismo. Aseguró que lo que se tratará “no tiene nada que ver con los panfletos de falsos historiadores y periodistas que fomentan los tópicos tradicionales de los masones”. Preguntado por estos tópicos, se refirió a su unión con el comunismo, “cuando desde 1921 está prohibida para los comunistas” o su identificación con la comunidad judía.

Con referencia a los prejuicios que aun vive la Masonería por parte de la sociedad española señaló, que ella fue “un macho cabrío fácil para echarle la culpa de todo”, como pasó, por ejemplo, señaló, “en la II República” y “ocurre ahora, que se intenta unificar con políticas que no tienen nada que ver con la masonería”. Frente a esto, definió al masón como aquel que defiende “la libertad y los derechos humanos”.


La Masonería estuvo prohibida en España por el absolutismo de 1738 a 1868 y fue, con el liberalismo, con el que pudo desarrollarse y, así, en veinte años nacieron 1.700 logias. “En algunos países”, agregó, “ha sido símbolo de prestigio y, en otros, causa de todos los males” y ha sido, añadió, “mucho culpa de algunos periodistas”. Con respecto a las “huellas” que encontramos actualmente de la masonería se refirió en la música a Mozart, en el cine a Disney, en la literatura a Blasco Ibáñez y, entre los inventores, el de la guillotina.


Las sesiones de trabajo
del Simposio empezarán el día 6 en el Centro Cultural de Ibercaja, aunque la inauguración oficial del evento tendrá lugar ese día en el Parlamento de La Rioja, donde se ha organizado una visita y en el que se ofrecerá un vino español. En las sesiones, se tratarán temas como “El pensamiento de Sagasta”, “Masonería y republicanos españoles”, “La masonería riojana a través del Banco de Datos” o distintos aspectos ligados al tema o el mensaje masón a través de la prensa.

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Nuevo Gran Maestro en Chile se juega por la apertura de la Orden

En mayo de 2005 estuve en Santiago de Chile participando como expositor del 1º Simposio Internacional sobre la Historia de la Masonería en esta parte de América. Una tarde estuve de visita en la sede de Marcoleta, donde están ubicadas las oficinas de la Gran Logia de Chile, y en la ocación tuve la oportunidad de dialogar en profundidad con el actual Gran Maestro de esa Obeciencia, Juan José Oyarzún, de 76 años, quien fue electo en segunda vuelta el fin de semana pasado En aquel momento trabajaba como Gran Secreatario. Resultado de aquella conversación, no me sorprende que declare en los medios chilenos “Me la voy a jugar por la apertura. Ése es mi interés”.

Como el mismo lo sugiere, “este cargo es un honor y una carga”. Un honor al representar a una Institución que ha realizado tanto por la República y la educacíon. Una carga, poque tendrá que dejar de lado sus intereses particulares, y velar para que la armonía y la fraternidad sean el eje de su mandato. La Masonería en Chile, comparada con sus pares en latinoamérica está mejor organizada y sus trabajos se ven reflejados, por medio de los hermanos, en todo el país. Una clara demostración de esta tendencia se observa en las declaraciones del nuevo mandatario, “en 2007, el eje serán la ética y el laicismo, para dejar el 2008 para la ética y la educación y más adelante la ética y los medios de comunicación, para dejar el último año a la ética y la política”, manifiesta.

Uno de los temas masónicos tabú en esta parte de América será desconstruida por Juan José Oyarzún, pues se comprometió en trabajar para dejar a un lado esa especie de “leyenda negra” en cuanto al misterioso secretismo de la masonería, “Hasta el siglo pasado ésta era una organización secreta. Ahora somos una institución de estudio y de acción”, dijo. Aclaró que se inicia con él una nueva etapa en su institución, que calificó de “aggiornamento”. “Estamos en el umbral del tercer milenio y del siglo XXI; entonces, nuestros hombres deben adaptarse al mundo que viene”.

No a mujeres, por el momento
Debemos entender que la Gran Logia de Chile está determinada por la corriente autodenominada “regular“. Estas obediencias no admiten en su seno la participación de la mujer, pues el argumento es que en las Constituciones de Anderson, el oficio no estaba establecido para ella. Por ello, preguntado por un medio de prensa chileno sobre si existe la posibilidad de incorporar mujeres, dijo: “En estos momentos no, ninguna”. Consultado si ello no va contra la corriente del país, en que justamente acaba de constituirse un Gobierno paritario con Michelle Bachelet a la cabeza, contestó que no, porque los cambios en su institución se harán por evolución y ojalá que así sea.

De todas formas en ese país ya existen corrientes mixtas de la Masonería, inclusive una gran participación exclusiva de las mujeres por medio de la Gran Logia Femenina de Chile, pero los masones de la “Gran Logia de Chile” son ampliamente mayoría en la República. Los miembros menores de 40 años son el 22%; entre 40 y 65 años, es el 55%, y el 23% restante está por sobre los 65 años. Esta corriente administra 207 logias en todo el país; incluso en la sede central de Marcoleta funcionan 50 nacionales y dos extranjeras.

La Masonería en la formación cultural de las sociedades

Hasta el 3 de julio se realiza en Asunción (Paraguay) la Feria del Libro. Ya desde el año pasado, sus organizadores me invitan para hablar sobre la Masonería. Para esta duodécima edición de 2006, mi charla se basó en influencia de la Masonería en la formación cultural de las sociedades, pues, como en todo el mundo, también en el Paraguay la organización de la escuadra y el compás constituyó un hito histórico en la influencia de una organización en la construcción de un país.

La cultura es una de las dos o tres palabras más complicadas de la lengua, aunque el término que a veces se toma por su opuesto “naturaleza”, parece llevarse la Palma. Pese a que hoy día se ha puesto de moda ver la naturaleza como un derivado de la cultura, la cultura, etimológicamente hablando, es un concepto derivado de la naturaleza. Uno de sus significados originales es “producción”, o sea, un control del desarrollo natural. Pasa algo parecido con las palabras que usamos para referirnos a la ley y a la justicia, o con términos como “capital”, “reserva”, “pecuniario”.

Así pues las palabras que usamos para referirnos a las actividades humanas más refinadas la hemos extraído del trabajo y de la agricultura, de las cosechas y del cultivo. Francis Bacon habló de “cultivo y abono de los espíritus”, jugando con la ambigüedad entre el estiércol y la distinción intelectual. A esas alturas, “cultura” significaba una actividad, y eso fue lo que significó durante mucho tiempo, antes de que pasara a designar una entidad. Incluso así, hubo que esperar a Matthew Arnold para que la palabra se desprendiera de adjetivos como “moral” e “intelectualidad” y se convirtiera, sin más, en “cultura”, o sea, en una abstracción.

Etimológicamente hablando, “cultura” designó un proceso profundamente material que luego se vio metafóricamente trasmutado en un asunto del espíritu. La palabra, pues, registra, dentro de su desarrollo semántico el tránsito histórico de la humanidad, del mundo rural al urbano, de la cría de cerdos a Picasso, de la labranza del campo a la escisión del átomo. Pero la inversión semántica también resulta paradójica: las personas “cultivadas” acaban siendo los habitantes del medio urbano, mientras que los que cultivan la tierra tienen menos posibilidades de cultivarse a sí mismos; la agricultura no deja tiempo libre para la cultura.

Los seres humanos no son meros productos de sus entornos, pero esos entornos tampoco son pura arcilla que pueden usar para darse la forma que quieran. La cultura transfigura la naturaleza, pero es un proyecto al que la naturaleza impone límites estrictos. La cultura, pues, es un asunto de autosuperación, pero también de autorrealización. La naturaleza humana no es en absoluto lo mismo que un campo de remolacha, pero necesita ser cultivada como un campo.

Ya en más de una oportunidad mencionamos en este espacio que la Masonería es una institución milenaria y que tiene por objeto construir un espacio de reflexión y hermandad para que los hombres descubran en sí mismos y proyecten a la sociedad sus mejores cualidades, privilegiando el ejercicio del intelecto y el cultivo de una moral digna para sí y para los que lo rodean, sin que los prejuicios o ataduras (en algunos casos dogmáticas) puedan limitar el ámbito de su racionalidad.

Para comprender la influencia cultural que tiene la Masonería, no se puede soslayar la participación que sus hombres tuvieron en el proceso histórico acaecido durante la independencia, formación y organización política de los estados de nuestro continente. Afortunadamente en estos días vemos cada vez con más fuerza la aparición de historiadores que echan luz sobre la verdadera acción que le cupo a la Masonería en dicho proceso.

Desde los mismos inicios de la República paraguaya, cuando Carlos Antonio López contrató a ingenieros y arquitectos europeos para construir el País, los masones tuvieron participación. Estos iniciados inmigrantes, unos 100 en total, se reunían en diversos lugares de Asunción, uno de los más conocidos fue la logia que trabajaba en la estación del ferrocarril en el centro de Asunción; en la misma medida también levantaron grandes edificios públicos como el Oratorio de la Virgen de Asunción parecida a los Inválidos de París, hoy Panteón de los Héroes, la residencia de los jóvenes López, el Teatro de la Opera inspirada en el Scala de Milán, el Club Nacional, , y diseñaron un vasto plan de empresas públicas de utilidad nacional como la ampliación de la Fundición de Ybycuí, construyéndose instrumentos de labranzas y maquinarias industriales.

Luego de la triste epopeya (la guerra de 1870), fueron nuevamente los masones quienes forjaron la cultura del país. No deseo caer en la frecuente tentación de mencionar la inacabable nómina de prohombres que la nutrieron, pero se debe tener presente que sus nombres se veneran entre los Padres de la Patria y que son muchos los que hicieron la historia de nuestro país, especialmente en los momentos en que nuestra nación se debatía entre la vida y la muerte.

Y así podemos seguir citando todas las obras y el desarrollo del Paraguay hasta que el último masón ocupara la Presidencia del País, José F. Estigarribia; luego volvieron los tiempos de anarquía y la caída durante 35 años de una aplastante dictadura que destrozó culturalmente al Paraguay.

A 17 años de la vuelta a la democracia, semanalmente, miles de masones paraguayos, se reúnen en numerosas logias a lo largo y ancho del país para buscar, afanosamente, soluciones y alternativas para sus comunidades, siendo concientes de la responsabilidad que les cabe en la formación cultural de esta nación que le debe su existencia.

Posted by libertad43 in 10:53:53 | Permalink | No Comments »